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16 de noviembre de 2025

Pero qué será de tu grito


Pero qué será de tu grito agonizante

de tu grito ojo único de fugaz visión acartonada

por las lluvias de sangre y luces muertas?


Acatar día a día las voces

las preguntas simulacros los enigmas

las impermeables sentencias pronunciadas

los estereotipos que forman la cadena

la inexcusable carrera cotidiana

de la vida, ¡patética comedia!


Di, tenaz inquisidor de alegrías:

Qué será de tu grito silencio para siempre?

De Extrañamientos y rescatesPoemas de @S_Borao_Llop

12 de noviembre de 2025

La tierra carmesí



Todos los nombres perviven en el aire.

Todos los rostros.

Todas las canciones.


Después llegó el estruendo.


¿Cuánto tiempo hace falta para zanjar una disputa?

¿Cuántas vidas truncadas? ¿Cuántas lágrimas?

¿Cuántos litros de sangre 

anegando la tierra, que a nadie discrimina?


La luz del estallido

no es luz sino tiniebla.

El ruido del disparo

es la proclama del peor silencio.


Canes en llamas pueblan tus ciudades.

Fantasmas y lamentos. Ruinas.

Escombro y humo, calles resquebrajadas,

edificios desiertos, renegridos.


¿Hacia dónde mirar sin someterse

al más turbio presagio?¿Qué nos queda?


Tan solo la esperanza de la lluvia.

De El horizonte traicionadoPoemas de @S_Borao_Llop

22 de enero de 2019

Credo


Creo en el pálpito sagrado que me incita
a dispersar palabras sobre el cielo nocturno
como quien siembra granos en la tierra.

No creo en la poesía de alto standing
con olor a perfume y naftalina.

Creo en el fuego intenso que me quema
cada vez que me brota una palabra
lacerando los pliegues del silencio.

No creo en la poesía declamada
desde la cúspide de un púlpito.

La poesía es una confidencia
(un susurro intangible, 
una caricia entre las sábanas,
el reflejo de un ojo en Batisielles,
el suspiro cansado de una puta
en su tránsito diario por las calles,
la sombra de un patito en el estanque)
pero nunca la voz atronadora
de un actor recitando esas palabras
leídas o aprendidas de memoria
cuyo significado se le escapa
como escapa la sangre, gota a gota,
del que escribió ese verso que ahora escuchas
mientras la tarde ya declina.

4 de marzo de 2015

Humildemente, Maestro


A Don Pablo Neruda, in memoriam.

Reconozco el salitre de sus pulidos versos,
la atlántica firmeza que los parió desnudos
la sangre enamorada que amamantó su fuerza
y el agudo chirriar de los ferrocarriles
que unen patrias y mares y llevan esperanzas.

De lucha, amor y fierro crecieron las palabras,
su luz se fue expandiendo por pueblos y senderos,
la paz del caminante fue la explisión secreta
que prestó alas al verso para poblar las sierras
donde los campesinos vieron crecer la vida,
donde se hizo mujer la fértil resistencia.

Hoy esa voz nacida de la roca
callada está, su grave resonancia
dejó paso a su indómito recuerdo.

La cordillera estremecida de su verbo
se hizo tuétano en las almas de los pobres.
Hoy, nosotros, lo que queda del pueblo malherido,
hemos querido entonar un canto hacia la aurora,
y en su memoria esparcirlo por el viento
como una ofrenda matinal que verifique
su presencia vital desde la tierra
que le cobija. Gracias.
                                       Gracias don Pablo
por enseñarnos el hierro y los volcanes,
por su recia testuz de militante,
por las navegaciones estelares
por las espigas, los navíos, las quimeras
por la fe y por el clamor de las montañas
que un día se alzarán incontrolables
contra los viles verdugos de la tierra.

Publicado originalmente en Poesi.as


29 de julio de 2014

En el censo azul del horizonte



En el censo azul del horizonte,
vencedor y vencido son un solo cadáver.

El campo de batalla no reconoce dignidades;
no hace distinciones ni permutas.

La sangre accidental del derrotado
y la sangre del héroe victorioso
se buscan bajo tierra
hasta descubrir que no son tan distintas;
se mezclan bajo tierra
y encuentran las raíces
del árbol poderoso
que nacerá mañana,
y allí, entre los ramajes,
vencedor y vencido son una misma savia.

Toda batalla entraña
infinitas derrotas
y una sola victoria,
efímera como la ola
que apenas rompe se retira
para no volver más.


De El horizonte traicionado
 

22 de agosto de 2012

Si algún día recobro la cordura

máscaras
 
Si algún día recobro la cordura
viviré como todos, reiré sin mesura,
quemaré con esmero los poemas
que en olvidadas tardes como esta
compuse con la fiebre del que explora
vírgenes territorios inviolados.

Si algún día recobro la cordura
sonreiré al limpiar la sangre del cuchillo
con el que degollé la fe de un inocente;
saludaré con efusión a los sicarios
del señor de la sombra, y a sus perros
ofreceré los huesos de mis víctimas.

Si algún día recobro la cordura
vestiré los disfraces que las horas
fueron almacenando en el armario
donde mora el hedor de mis cadáveres,
donde la única certeza es el olvido.

Intercambiaré las máscaras de fiesta,
maquillaré las cuencas de mis ojos,
revestiré mis dedos con anillos
y en el podrido espejo de mi rostro
pondré una flor que disimule las ausencias.

Si algún día recobro la cordura
me olvidaré de ti, de aquellos meses
que alimentaron mi esperanza, de aquel día
que me abracé a tu cuerpo, de aquel otro
en que las playas de Donosti nos miraron
pasear unidos al amparo de la luna;
me olvidaré si es que recobro la cordura
de las semanas de felicidad y de la noche,
de la maldita noche,
que una sola palabra me abismó en las tinieblas.


4 de octubre de 2011

Mas no me encontraréis en las batallas


Mas no me encontraréis en las batallas.

No estaré agazapado en una barricada
ni lamiendo la sangre del cuchillo victorioso.

No empuñaré las armas homicidas
ni la palabra ambigua
ni el rencor permanente del alma embrutecida.

No serán mías las fauces carniceras
ni el estandarte gris del bombardeo.

No seré el cazador
ni ese francotirador de la azotea
que va tachando vidas en la pared funesta
de la ciudad sitiada.

No estaré con aquellos que filtraron
gota a gota la sangre de los pobres
para hacer de cada vena un instrumento
de riqueza enterrada en sus bolsillos.

Tal vez podáis hallarme donde lloran los tigres.

Acaso en la morada del hambriento,
en los ojos del niño moribundo,
en la sangre del ave asesinada.


Publicado en Poesi.as y en el Wrong Side

15 de septiembre de 2011

En el caudal espeso de mi sangre


Te quedaste a vivir
en el caudal espeso de mi sangre.

Estás allí, escondida,
ciñéndote al redoble acompasado
de un corazón que lentamente va apagándose...
Mas, de pronto, te elevas
sobre el silencio inerte de la noche,
de súbito apareces, exultante;
un trote repentino despereza mis venas
y estás de nuevo ahí, llenando mi recuerdo
con el calor de tu palabra ardiente...
Y por un instante, creería que estoy vivo...

Pero pronto recaigo en el letargo.
Lo demás es quietud, desesperanza
y un reloj incesante que astilla la penumbra.

Te quedaste en mi sangre, a la deriva.
________________________________Yo
me he resignado a ser tu laberinto.
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