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14 de noviembre de 2025

Ella ya no vendrá


Ella ya no vendrá.


Con lentitud consciente, cruel casi,

escribo este epitafio, en los relojes

sonó la hora última y ella no está conmigo.


Ella ya no vendrá, todo está quieto.

Ni un sonido perturba las estancias

salvo el piar cadente y melancólico

del pájaro parado en mi ventana

entonando un caótico presagio.


Es todo calma el viento en las persianas,

todo ausencia de risas, todo olvido.


Quien sabe si serán las ratas

las que acaben comiéndose la caja de bombones

o será pasto de los años en lo alto del estante.


Ella ya no vendrá, para otros labios

el champagne que se enfría en la nevera.


(Acaso los vecinos me denuncien

a causa de esa música tristísima

que se expande incesante

a altas horas de la noche

por todos los rincones de mi cuarto en penumbra)


Contemplo los cristales que se llenan de lluvia

y las baldosas mates y las paredes torvas

que aun con todo se obstinan en mantenerse verticales.


Un coro de cortinas, un teléfono muerto,

unos guantes callados sin dedos que ceñir,

unas bolsas de plástico colgadas en silencio,

una silla esbozando contornos sin respuesta.


Está muda la radio, apagadas las luces y fumo un cigarrillo,

y ese humo que asciende hasta ensuciar los techos

vuelve a formar, infame, el rostro de la ausencia. 

Los pájaros lo saben, ya no cantan;

ella ya no vendrá y la puerta entreabierta

quedará sin que nadie trasponga sus umbrales.


No seguiré escribiendo, sólo quedan recuerdos

de primaveras pavorosamente canceladas,

sólo quedan imágenes perversas

que me llevan a otras tardes y a tus brazos,

sólo un sueño lejano que perfila

esos días veloces que se acercan,

esos días vacíos e incoloros

que desgrana, ritual, el calendario.


Y en esta hora última de amor ejecutado,

miro hacia el sol poniente, hacia el crepúsculo,

hacia esas nubes quietas, heraldos de la noche,

hacia todas las calles que, pérfidas, te alejan.

Y sólo queda la constancia amarga

                        del resplandor perdido.

De Itinerarios hacia tiPoemas de @S_Borao_Llop

17 de agosto de 2025

En días como hoy

 


En días como hoy, la verdadera dificultad estriba en levantarse de la cama.

Desayunar, ducharse, fumar un último cigarrillo, recibir la visita de un cura desconocido, dejarse conducir mansamente hasta el patíbulo, apenas son protocolos insignificantes.

Prosas breves de @S_Borao_Llop

1 de marzo de 2014

Fiebre


Tengo fiebre.
Mi frente arde y me abrasa la sed. 


En el sueño, hay desiertos rebosantes de arena y el sol está enfurecido, a juzgar por los violentísimos rayos con que castiga la infinita superficie arenosa que se extiende ante mis ojos. Hay minas de sal que causan dolorosas llagas en mi cuerpo enrojecido. Hay látigos de fuego que laceran mis carnes y queman mi cordura. Hay mares de ceniza que me envuelven, ahogándome. Hay manos falsas que me ofrecen vasos de plata llenos de vinagre y orina; rostros falsos que sonríen con fingida dulzura mientras ponen ante mí toda clase de manjares escogidamente salados, cuya sola visión hace aumentar sin mesura la fiebre que me abrasa.


Consigo despertar, mas mi garganta está seca. Mis labios, resquebrajados. Apenas consigo abrir la boca. Al fin, con gran dolor, he conseguido llamar al carcelero, pero ha sido apenas un susurro. Sin embargo, ante mi sorpresa, no ha tardado mucho en aparecer junto a mi catre. 


Con palabras entrecortadas, con abundancia de gestos, con ansiedad, solicito un poco de agua. Él, entonces, sonríe maliciosamente, y me ofrece un cigarrillo.


En venganza, me duermo, y sueño torrentes vertiginosos que le ahogan y me refrescan.


Más viñetas carcelarias en Celda.
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