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2 de mayo de 2018
La ciudad de los muertos
La ciudad de los muertos
que viven a deshora
caminando abstraídos
por gloriosas avenidas de tumbas alquiladas.
Esa ciudad de espectros
que se desvanecen en la bruma,
desparramada su esperanza
entre baldosas sucias y desagües.
Allí reina la muerte
repartiendo folletos a los transeúntes
tras su amigable sonrisa putrefacta.
Las calles muertas
que conducen a zaguanes muertos
donde solo los gatos
se aferran a la vida,
donde los vivos miran de reojo
y callan espantados.
Escucharás
el llanto de una niña
maltratada
enferma
acaso agonizante
(Los padres muertos se preguntan
quién es esa niña
esa desconocida
que fue parida a deshora
entre los callejones de la muerte)
Y las alcantarillas son una desbordada histeria
de ratas victoriosas.
21 de mayo de 2012
Amanecer desnudo y muerto entre los muertos
que miran a otro lado y canturrean
la canción del olvido mientras duermen
su sueño enmohecido de sirenas.
Despertar cautivo y ciego entre las ruinas
sin guitarra ni espigas ni horizonte;
tan sólo un grito ahogado en las entrañas
y la certeza del caos circundante.
Gota a gota la muerte se va bebiendo el mundo
por las ensangrentadas fauces de sus canes
ataviados con ropas de diseño.
(En su bolsa resuenan las monedas:
los treinta hachazos en el cuello
del venado inocente).
Mientras, los hombres callan
y sólo se oye el son de los demonios
entre un eco de fieras explosiones.
Pido que cese el ruido, que se apaguen
todas las humaredas de la noche;
que termine el estruendo y sólo suene
el humilde tañer de una palabra
rebotando en las esquinas del crepúsculo.
Pido que nazca el hombre, que renazca
de todos sus cadáveres, que surja
su voz sonora, su verdad sincera,
que sea música que tercamente fluya,
arroyo o marejada, nube o yegua,
fiebre de océanos, campana de gaviotas.
Pido que sobrevenga la alborada.
31 de enero de 2012
Rito
Celebramos nuestro rito cada día
adorando a nuestro dios rectangular.Rendimos culto a una pantalla
o a las fugaces sombras que la habitan.
Reímos a la hora de la risa,
lloramos cuando el llanto es la consigna,
nos postramos ante el último profeta
salido de las entrañas de un sohwtime
y adoramos sin mesura la sublime palabra
de modernos predicadores con corbata
que nos hablan de los muertos convenientes,
de los que son noticia, de aquellos que no mueren
en oscuras callejas o al borde de una idea,
de aquellos que no caen de un andamio
ni llenan sus pulmones de inmundicia
en el oscuro fondo de una fábrica
o en los túneles ciegos de una mina.
Pero también esos cadáveres anónimos
que mueren día a día sin violencia
en el turbio corazón de la metrópoli
son una herida en el alma de las nubes.
Yo canto por los muertos que se miran
el rostro cada día en los espejos;
canto sus ojos graves, resignados,
su desencanto crónico, su antiguo
cansancio que no cesa.
Yo canto por los muertos
de los que nadie habla, los anónimos
silenciosos fantasmas ambulantes
que no siembran estelas ni levantan
murmullos a su paso, los que venden
su tiempo en una esquina, los que callan
y dejan que la vida les aplaste
sin un grito ni un gesto ni una lágrima.
Publicado en Inventiva social
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