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30 de agosto de 2025

Naufragios


¿De quién fueron los ojos que nos hicieron náufragos?

¿De quién fueron las manos que, gaviotas, 
se posaron en nuestras playas-manos,
con frenesí de pico, con suavidad de arena?

¿De quién esas palabras que nos revelaron tempestades
para luego acallar el ladrido del viento
con un sordo rumor de murmullo metropolitano
o simplemente un gesto
de insoportable derrota?

¿De quién fueron las lágrimas el día funerario
en que horrorizados vimos (cuatro sombras malas lo llevaban)
pasar amortajado y con los ojos terriblemente abiertos
el cadáver silente de la fiebre?

¿De quién fue aquella carne
de quién
salada
de quién
caliente...?
Dime que volverás cuando la noche acabe,
cuando la noche...

¿De quién fueron las horas del insomnio?
¿De quién las pesadillas, las volcánicas horas de deseo?

Alguien duerme en un balcón, a la intemperie,
y cuando yo me asomo, se oculta tras la cortina
del día soleado, de las calles mojadas o repletas de gente.

Pero en las rocas, el mar está esperando.

26 de abril de 2012

Como lágrimas en la lluvia


Vine a gritar y me pobló el silencio.
Del son, sólo fantasmas nuestras voces.

Pues todas las palabras:
las que un día cantamos,
aquellas que callamos,
las que nunca debimos haber dicho,
también las que escuchamos,
pensamos inventamos escribimos,
las que en algún otoño nos dañaron
y las que despertaron un lánguido suspiro,
las que pintaron una sonrisa en nuestros labios
y las que no dejaron ningún poso en nuestro espíritu;
y aun éstas que ahora escribo,
éstas que acaso estás leyendo,
también se perderán en los pliegues del tiempo.

Sólo seremos ecos,
provisionales ecos rebotando
hacia un sol extinguido.


Publicado en El cronista de la red y en el libro electrónico Camino al andar.

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