Revelaciones que no están en los candados
que condenan puertas hacia el cielo
ni
en las encrucijadas de la nieve.
(Acaso en el sopor de las
guillotinas oxidadas,
en el silencio avergonzado del
patíbulo)
Nombres en penumbra golpean la
memoria.
Palabras prendidas al dorso de una brisa
que nadie
pudo poner en letra impresa.
Sangres incendiadas, sueños
desgarrados.
Amaneceres grises hijos del insomnio,
albas
bastardas preñadas de tristeza
por el suicidio de los pájaros
azules
y el destierro de los últimos castores.
Allende
el recuerdo, gritos.
Pero hoy
las orillas del mar
están calladas.
