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12 de noviembre de 2025

La tierra carmesí



Todos los nombres perviven en el aire.

Todos los rostros.

Todas las canciones.


Después llegó el estruendo.


¿Cuánto tiempo hace falta para zanjar una disputa?

¿Cuántas vidas truncadas? ¿Cuántas lágrimas?

¿Cuántos litros de sangre 

anegando la tierra, que a nadie discrimina?


La luz del estallido

no es luz sino tiniebla.

El ruido del disparo

es la proclama del peor silencio.


Canes en llamas pueblan tus ciudades.

Fantasmas y lamentos. Ruinas.

Escombro y humo, calles resquebrajadas,

edificios desiertos, renegridos.


¿Hacia dónde mirar sin someterse

al más turbio presagio?¿Qué nos queda?


Tan solo la esperanza de la lluvia.

De El horizonte traicionadoPoemas de @S_Borao_Llop

10 de noviembre de 2025

Asumo


Asumo las calladas paradas de autobuses,

las aceras raídas por el paso del tiempo,

los bancos ahogados por la lluvia

y aun la congoja indefinible de una tarde de otoño.


Acepto los combates en que muere la tarde

a solas con sus vientos, arrastrando su tedio,

acumulando pena en viejos corazones

enfermos de amargura.


Asumo la grandeza de la vida

y también la batalla que plantea.


Me someto cordialmente a largos soliloquios

pronunciados a diario por amables vendedores

de electrodomésticos de inmensa sofisticación,

mientras mi anciano (casi niño) corazón

me exhorta incansable a la impostergable huida.


Asumo la nostalgia.


Pero no me es posible,

por más que os empeñéis,

adultos míos,

asumir incautamente mi edad de persona seria

y mi reputada posición de obrero respetable

abrumado por el peso de las obligaciones sociales.


Decidme:

¿Cómo puedo sonreír satisfecho

mientras miles de rostros con sonrisas fingidas

me acechan desde las sombras del neón

en espera de una oportunidad ventajosa

que les permita acuchillar definitivamente

mis esperanzas

                         mis sueños

                                           mis ciudades?

24 de agosto de 2013

Parece una tontería, pero llueve


Mi vida es un barranco, ya lo dije,
una zona desértica, una asfixia.
Un cable de alta tensión abandonado
al borde de un pantano de petróleo.

Pero llueve y veo caer todas esas gotas,
(todas y cada una, como hermanas
que me sonríen desde su alba líquida)
las veo estrellarse en las baldosas
o en los rostros mojados, en los árboles;
las veo golpear farolas y paraguas,
toldos, ventanas, autos, un buzón, unos bancos...

Y en el medio estoy yo. Mojándome.
A pesar de todo. Mojándome y pensando
que nadie puede arrebatarme
el placer de esta tarde y esta lluvia.


26 de abril de 2012

Como lágrimas en la lluvia


Vine a gritar y me pobló el silencio.
Del son, sólo fantasmas nuestras voces.

Pues todas las palabras:
las que un día cantamos,
aquellas que callamos,
las que nunca debimos haber dicho,
también las que escuchamos,
pensamos inventamos escribimos,
las que en algún otoño nos dañaron
y las que despertaron un lánguido suspiro,
las que pintaron una sonrisa en nuestros labios
y las que no dejaron ningún poso en nuestro espíritu;
y aun éstas que ahora escribo,
éstas que acaso estás leyendo,
también se perderán en los pliegues del tiempo.

Sólo seremos ecos,
provisionales ecos rebotando
hacia un sol extinguido.


Publicado en El cronista de la red y en el libro electrónico Camino al andar.

24 de agosto de 2011

Poema para una flor secreta


Algunos te nombrarán sin conocerte.
Otros te escucharán sin comprenderte.
Los más
pasarán junto a ti sin detenerse.

Anónima es la tempestad que no se muestra.

Pero yo descifré sin duda alguna
tu sonrisa de lluvia intermitente.


De Por si mañana no amanece

13 de agosto de 2011

Lo mejor de mi vida


Lo mejor de mi vida tal vez se haya quedado
abandonado en alguna encrucijada
o al otro lado del cristal mojado
tras el que contemplé las marejadas y la noche,
y por qué no decirlo, las inmutables estaciones
que me fueron alejando de otras tardes más cálidas.

Hubo un tiempo de caminos anchos,
de colinas suaves que ocultaban fuentes,
de jóvenes aves y ardillas veloces
y de sal y de pan y de plácidos campos
preñados de fértiles terrones y labradores.

Hubo un tiempo de límpidas aguas,
de frondosos bosques y playas morenas,
de silentes cráteres orlados de espuma.

Pero en la noche del invierno treintaycinco,
todos esos mis ángeles me fueron vomitados en el rostro
y pude comprobar que la senda se había ido estrechando
hasta límites intolerables.

Supe entonces que mis pasos borraban el camino,
que ya no era posible detenerse
ni mirar hacia atrás, que no había regreso,
que legiones de arpías me empujaban riendo
y que un loco empuñaba mis recuerdos.

Entonces, tras la lluvia, se apagó una ventana.


De La estrecha senda inexcusable
Publicado en Revista Rampa y en los libros electrónicos Senda y Camino al andar


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