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23 de agosto de 2025

Espuelas


La vida tiene espuelas, aguijones
que incitan al olvido, a la distancia.

Tiene cánceres negros que horrorizan capullos,
indoloros venenos que van sembrando ausencias,
hermosas alboradas que se ahogan en sombras.

Hiere siempre certera las zonas más sensibles.
Sobrecoge su empuje de tormenta implacable.

Tiene espuelas la vida y las clava en los costados
con frenesí de fiera, con disimulo de ángel.

Tiene aguijones suaves y cuchillos de almíbar
y sobre todo, fuego, fuego que quema el alma.

¡Pero es tan dulce a veces el fragor de las llamas!

17 de enero de 2014

Caverna


No es que seamos del todo inconscientes
de nuestra heredada condición de oscuros
y resignados habitantes sedentarios
en la caverna que pintó el filósofo.

(Aunque disimulemos, no ignoramos
que sombras sólo son, y no otra cosa)

Pero es más fácil permanecer quietos
sentados en silencio frente al muro
contemplando esas figuras móviles
y sus exuberantes maniobras.

Es más cómodo ver pasar las horas
sin esbozar un gesto, sin silbar una nota,
sin mirar hacia el sol -siquiera de reojo-
(porque la luz abrasa la retina).

Y si alguno levanta la cabeza,
si alguien susurra o canturrea,
si alguien grita que existen las estrellas,
entonces le miramos con desprecio,
le escupimos con furia, le arrojamos
las virulentas piedras de la ira
o el amargado esputo del silencio.

(No importará si el díscolo insurgente
es nuestro propio hijo, nuestra sangre,
el magma inmaterial de nuestra entraña).

Para preservar nuestra mentira
-nuestra tiniebla de imágenes fugaces-
le acuchillaremos ritualmente;
después veremos su sangre derramada
como si fuese otra, como si sólo fuese
la lava redentora de los dioses,
el fulgente licor de sus ensueños
-otra figura más en la pared bailando-.


1 de febrero de 2013

Rocío


Estrecho manos que se perderán
en las encrucijadas del olvido.

Beso labios efímeros,
destellos en la niebla.

Persigo sombras vagas,
ecos quizá, reflejos.

¿Dónde está el Horizonte
que alguna vez soñamos?

- No hay Horizonte: Sólo
la inasible caricia de la brisa
en su tránsito ciego; solamente
el roce de la vida, insinuado.


12 de noviembre de 2011

Sombras


¿No veis, de vez en cuando, alguna sombra que cruza?

Sombras, sí: sombras que deambulan a nuestro alrededor; sombras sin nadie que acaso sólo tratan de atraer nuestra atención para evadirse siquiera un instante a su funesta condición de espectros dolientes, o esas otras, violadas por los dioses de la decepción, que intentan rozarnos en su ciego tránsito para arrastrarnos a ese mundo suyo de irrealidades, o de realidades intangibles que nunca seríamos capaces de comprender. Pero en todo caso, sombras que habitan entre nosotros sin desvelar su naturaleza, su nombre, su cifra; sombras que nos conocen y escuchan los latidos de nuestros corazones, que en las noches insomnes se acurrucan en los rincones; sombras que sólo toman cuerpo entre los pliegues del sueño o en los incomprensibles recovecos del tiempo... Sombras que acaso sólo estén mirándose en el espejo de nuestra inconsistencia, sombras como nosotros: fugaces sombras que apenas existimos...


De Prosas breves
Publicado en la revista Con voz propia, Revista El Grito y en el libro electrónico Camino al andar.

29 de octubre de 2011

Huésped de las sombras


Ese fue el día en que las fuentes manaron hiel.
La luna, ese crepúsculo, nació sin rostro;
bandadas de palomas negras se cernían
sobre todas las esperanzas de los vivos.
Todo el Otoño lloró aquella mañana.

De nuevo sumergido en las tinieblas
me encontré.
__________ Un arcángel de sangre
vino a sobrevolarme,
negándome la dicha,
oscureciéndome.

Como un derrumbamiento, las bocas se cerraron.

Se agigantó la noche, eternizándose.
Todas las aves cedieron en su canto.
Los ángeles, sin luz, agonizaban.
Una ardilla fugaz tradujo las señales:
no existía respuesta.
______________ Los hediondos
sicarios del infierno voceaban
sus consignas de fuego ininflamado.

Eones transcurrieron, sin memoria.
El vacío creció, ardió la fe en los pábilos.
Todo iba convergiendo hacia la nada.

Mas de repente callaron los demonios.
__________________Desde lejos
una voz desenterró la espada de mi pecho,
una lágrima empapó la sal de mis heridas
y el mundo todo floreció como una enredadera.


Publicado en el libro electrónico Camino al andar y en la antología Poemas Quietos (Ed. Mizar)

28 de septiembre de 2011

Te sueño, sombra. Llegarás un día


Te sueño, sombra. Llegarás un día.

Serán tuyos mis ojos, como dijo el poeta.
Serán tuyos mis labios y la mano que se alza
contra las injusticias y la mano que estrecha
las manos estrechables y los pies que cabalgan
la tierra estremecida y el corazón que sangra
herido de silencios.

Ese día por fin se cerrarán todas las puertas.
Serán tuyos mis ojos, ya no quedarán lágrimas
ni habrá un lirio en mi pecho
ni en el humilde tálamo florecerán sonrisas.

Esa noche será la noche del olvido.

No habrá después un solo espejo que nos reconozca
y nuestros nombres devendrán sólo palabras
que el tiempo irá borrando
de la ingrata memoria de los charcos.

Te sueño, sombra. Llegarás un día
con tus besos de escarcha, con tus dedos helados
y una sentencia entre tus dientes incendiarios.

Después, ni un sólo ángel
sembrará con mis cantos la alborada.


De Destierro
Publicado en La Máquina de escribir, Inventiva Social y Mis poetas contemporáneos.

2 de junio de 2011

Zumbido


A veces, abro los ojos, me incorporo y camino con lentitud por las estancias. Como si aún estuviese vivo.

A veces, incluso me aventuro a salir al exterior para comprobar que otros seres semejantes a mí se mueven por las calles, se apresuran, chocan entre ellos, se someten a la tiranía de relojes y semáforos, se detienen y se miran unos a otros y en ocasiones conversan.

Sí, a veces también yo finjo estar ahí, entre ellos, provocando sonrisas o muecas de irritación o atascos. Finjo vivir. Pero siempre regreso al lecho en sombras. Me acuesto, cierro los ojos y convoco secuencias que nunca termino de comprender.

Finalmente, me pregunto cuál de estas irrealidades es más ficticia. Cual de estos dos sueños es el que está encerrado dentro del otro. Si tuviese acceso a esa ansiada respuesta, tal vez podría despertar, ser. En uno u otro lado, pero existir.

Lo que más me atormenta es ese molesto zumbido del teléfono que no parece tener lugar y que, sin embargo, nunca acaba de callarse.


De Prosas breves
Publicado en la antología Callejón de palabras (Ed. Mizar)
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