Cada vez que las naves
a Ítaca regresan
sellan el fin de un sueño.
Pero es grato saber
que en Ítaca hay un puerto,
que es posible el regreso.
Textos de Sergio Borao Llop
a Ítaca regresan
sellan el fin de un sueño.
Pero es grato saber
que en Ítaca hay un puerto,
que es posible el regreso.
y amamanta dudas
que la mañana no ha de despejar.
La noche oculta míseros rincones
y apresura los ojos
de los indiferentes viandantes.
La oscuridad hace romas las esquinas
donde el sexo barato se agazapa
en las noches de frío solitario.
Bulle la vida entre las calles de neón;
las copas ignoran el destino del hombre
y los hombres van recuperando la inconsciencia
tras la segunda copa.
(Queda el olor, el olor imborrable,
la constancia precisa de las calles sin nombre)
Inevitable, la mañana
asesina las sombras y siembra resacas.
Mas nunca alivia el pecho del sediento.
De La estrecha senda inexcusable, Poemas de Sergio Borao Llop
las aguas del olvido?
-se pregunta el viajero.
Mas no desmonta. Sólo
contempla la corriente,
los patos, las riberas.
Luego sigue su ruta
en busca de otras aguas.
Porque el viajero sabe
-aunque sus ojos miren
siempre hacia el horizonte-
que el recuerdo es sagrado:
Quizá el único vínculo
entre viajero y senda.