22 de enero de 2019

Credo


Creo en el pálpito sagrado que me incita
a dispersar palabras sobre el cielo nocturno
como quien siembra granos en la tierra.

No creo en la poesía de alto standing
con olor a perfume y naftalina.

Creo en el fuego intenso que me quema
cada vez que me brota una palabra
lacerando los pliegues del silencio.

No creo en la poesía declamada
desde la cúspide de un púlpito.

La poesía es una confidencia
(un susurro intangible, 
una caricia entre las sábanas,
el reflejo de un ojo en Batisielles,
el suspiro cansado de una puta
en su tránsito diario por las calles,
la sombra de un patito en el estanque)
pero nunca la voz atronadora
de un actor recitando esas palabras
leídas o aprendidas de memoria
cuyo significado se le escapa
como escapa la sangre, gota a gota,
del que escribió ese verso que ahora escuchas
mientras la tarde ya declina.

22 de diciembre de 2018

Villancikón



¡Qué buenos somos todos al llegar la navidad!

Parece entonces que ni marzo ni octubre,
ni abril (con su crueldad denunciada por Eliot)
hubieran sucedido. Pareciera
que los asesinatos fueron malentendidos,
las traiciones, descuidos; las mentiras,
un lapsus pasajero, un hecho intrascendente.

Ya no importan entonces los feroces balazos,
ni la sangre vertida por puñales impíos,
ni tantas violaciones vilmente ejecutadas
ni el tiempo cancelado en las agendas rotas
de tantos peregrinos que transitan la vida
ajenos a las bífidas conciencias de los hombres.

¡Qué fácil es entonces meter bajo la alfombra
de las hipocresías las heces cotidianas!
¡Qué fácil olvidar los crímenes que apestan
de norte a sur los mapas desangrados!

¡Bebamos y olvidemos!
¡Que los belenes y árboles de plástico
nos devuelvan (solo por un instante)
ese espíritu puro, esa alegre inocencia!

¡Bebamos y olvidemos!
No dejemos que enturbie nuestra fiesta
el recuerdo de aquellos que padecen
los terribles hachazos del olvido.

Pero al doblar el año nuevo los espejos,
esos insobornables confidentes,
otra vez acusarán con sus reflejos
como afilados dedos delatores,

volverán a brillar las navajas de la envidia
volverán a ser las cosas como siempre
fueron en esta tierra invertebrada:
hijos abandonados, amigos postergados,
ancianos desahuciados, rostros indiferentes...

¡Aparta de mí este cáliz! Padre, no permitas
que mi perdón alcance a los verdugos,
ni a aquellos otros que la mano esconden
después del lanzamiento de las piedras
que lapidan esperanzas de muchachos.

¡Aparta de mí este cáliz! Padre, no permitas
que se olviden los nombres de los muertos.
No me dejes callar aunque los labios
se nieguen al esfuerzo de moverse.

No beberé la sangre de sus venas,
no cobraré monedas irredentas.

No permitas que la memoria me traicione,
que nada borre las iniquidades,
las lagrimas, el miedo, las infamias...

19 de septiembre de 2018

Te arrancarán del sueño a medianoche


Te arrancarán del sueño a medianoche.
Serás conducido por hostiles corredores.
Te verás empujado hacia una luz simulada.
Traspondrás puertas marcadas con sus signos,
signos ajenos que no podrán conmoverte.
Visitarás alcobas nocturnas que te sumirán en el dolor.

Te robarán el sueño, serás uno de ellos.

Luego, al alba, te arrojarán de nuevo entre las sábanas
y creerás haber sufrido una funesta pesadilla,
pero solo hasta que el espejo te devuelva el saludo
de unos ojos que no serán tus ojos,
que serán los ojos intrusos de un extraño,
ojos cronómetro que irán restando los segundos
que te separan del silencio definitivo.

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