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7 de agosto de 2025

Manifiesto


Porque hay pueblos dormidos más allá de la tierra.

Porque hay hormigas diminutas

y por diminutas, nunca homenajeadas.

Porque hay hombres que mueren sin más motivo

que el color de su piel o su camisa,

o quizá dando un paseo por alguna estación de tren abandonada.

Porque el amor se va desvaneciendo blandamente

como el humo, ya prófugo, del menguante cigarrillo.


Porque en algún lugar hay manos estrechables,

labios para el beso, brazos para la amistad.

Porque es dura la vida pero es el único sendero.


Y también

porque hay briznas de hierba que acarician los ojos

y pájaros que derraman sus trinos en mi oído

y en el camino, piedrecillas que acompañan

y gotas de rocío que hacen nido en la roca

y flores que sonríen al brillo de la aurora.


Por todo eso es necesario cantar.


Para abolir las prisiones y las lágrimas.

Para salvaguardar la vida de la ardilla

y el resplandor dorado de las aguas que fluyen.

Para poner de manifiesto la esperanza.


Hagamos, pues, de las palabras, equipaje,

partamos al futuro con la frente extendida,

salgamos definitivamente del asfalto

y construyamos.

De Viñetas y recuerdosPoemas de @S_Borao_Llop


8 de octubre de 2015

Revelaciones

Revelaciones que no están en los candados

que condenan puertas hacia el cielo

ni en las encrucijadas de la nieve.

(Acaso en el sopor de las guillotinas oxidadas,
en el silencio avergonzado del patíbulo)

Nombres en penumbra golpean la memoria.
Palabras prendidas al dorso de una brisa
que nadie pudo poner en letra impresa.
Sangres incendiadas, sueños desgarrados.
Amaneceres grises hijos del insomnio,
albas bastardas preñadas de tristeza
por el suicidio de los pájaros azules
y el destierro de los últimos castores.

Allende el recuerdo, gritos.

Pero hoy
            las orillas del mar
                                    están calladas.


15 de julio de 2015

Antes del fin 5.0


Cuando subía por última vez la cuesta en dirección al Puente de Piedra, me abordó una jovencita. Explicó que su moto la había dejado tirada y necesitaba un euro para gasolina.

Inútilmente registré mis bolsillos. Negué con la cabeza, pero ella no se movió: Un cansancio infinito se insinuaba en su mirada.


Deduje que también su camino estaba cortado. Como el mío. Que ambos estábamos al borde.


Fue entonces cuando oí los pájaros. En ese canto anárquico creí adivinar que la matemática es sabia, que menos por menos a veces es más, que dos finales pueden representar un principio.  


Extendí mi mano, que ella tomó con algún recelo, y bajamos hasta el río. Nada más. Nos sentamos en la hierba y nos pusimos a contemplar la corriente, a sentir la música del agua, sacudida de cuando en cuando por el chapoteo de algún pez extraviado, a impregnarnos de ese perfume milenario cuyo nombre no figura en los catálogos profanos de los hipermercados. Luego vino la noche. Y su silencio. Pero nosotros seguíamos allí, escuchando.


20 de agosto de 2014

El silencio de los pájaros


Los pájaros no cantan.
Una inmensa sequía de trinos
llena de desesperanza esta aurora borrosa.

Los pájaros no cantan. No hay motivo.
Han sido demasiadas las batallas.
Pocos, los hombres que han de regresar.

Abajo, en las trincheras,
muchedumbres yacen en silencio.
Hace tiempo que enviaron su carta,
su última carta,
el último adiós de un pueblo agonizante
a otro pueblo que espera agonizando
mientras lágrima a lágrima construye
la historia irreflexiva de un planeta que muere.

Los pájaros no cantan. Ya no hay pájaros.
Acaso solamente la sombra de unas aves
marchitas, taciturnas,
cabizbajas como ángeles caídos,
rompe la inmovilidad de este amanecer baldío.

Quizá esta noche el sol se hunda definitivamente.


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