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14 de agosto de 2025

La noche se agiganta


La noche se agiganta.

Nos envuelven las brumas.

Caemos sin remedio hacia la nada.

Un pozo sin final, sin fondo, seco,

espera ansiosamente nuestros sueños,

nuestros momentos tristes, nuestras huellas,

nuestra voz, ignorada.


Las calles que cruzamos, hoy son humo.

La niebla es estallido. El polvo, llanto.

Llanto de un niño virgen de palabras.

Ecos son las palomas. 

La vida, enredadera.


Todo es noche marchita.


Todo es noche y olvido y espejismo.

Espejismo de tiempos no crecidos.

Olvido de existencias diminutas.

Noche final sin luna, sin sonido.

Vacío nuclear, silencio ajeno.


Silencio sobre el tiempo derramado.

28 de octubre de 2020

Ilusión

Caminar por la orilla del río,

contemplando abstraído los reflejos

de las torres, el puente, los diminutos pájaros.


Contemplando las ondas en el agua

y en esas ondas, difuminado, el cielo

tachonado de nubes huidizas.


Es entonces cuando toda imagen

parece una ilusión, el espejismo

de una realidad que acaso imaginamos

mientras en otra parte, soterrados,

yacemos sin conciencia. ¿Qué seremos

cuando caiga el telón y todo vuelva

a su naturaleza primitiva? 


5 de enero de 2018

Espejismos


Las ciudades, las sierras,
los aviones, los patos, 
los parques y ambulancias,
las luces, los teléfonos,
los gatos, los tranvías,
las alocadas multitudes,
las carreteras grises,
las farolas y esquinas,
tus manos, los bolígrafos,
el vuelo de los pájaros
y el mar, el mar, el mar...

Todo desaparece tras la siguiente duna.

Sólo es real la sed.

16 de marzo de 2017

Tres colores (III) Púrpura



Música. Luz. Conversaciones.
Un polvo blanco en la yema del meñique.
Tacones. Rímel. Medias de rejilla.

Ella camina resuelta
atrayendo miradas, despertando deseos
y palabras. A su alrededor vibra
un estruendo de arañas luminosas,
estrellas de interior, constelaciones
de plata y oropel, oro, esmeraldas,
un éxtasis de brillo y dientes blancos.

Pero este oasis es sólo un decorado.
Detrás del cartón-piedra huele a azufre
y al final del corredor hay una puerta
y tras la puerta un hombre, unos billetes,
la sonrisa perversa del crupier
en cuya mano están todos los triunfos.

Tiempo atrás le dijeron
que esa puerta se abría al paraíso.

Ahora sólo espera
-entre lágrima y golpe-
que algún día se cierre para siempre
o ángeles jornaleros
derriben estos muros
y excaven galerías
hacia el cielo secreto de Boudin.

5 de junio de 2011

Minotauro al sol


A J.L.B.

¿Será entonces la ausencia
mi patria verdadera?

¿Será la arena inmóvil
el único paisaje?

El laberinto no es como contaban
las antiguas leyendas.

Es sólo una extensión interminable,
un cielo gris sin puertas;
sólo tiempo y distancia,
entrevisiones
de algo que nunca está,
esperanzas truncadas
y un viento frío. Ecos
de nombres ya olvidados.

Cierto: No hay muros, pero
la libertad es también un espejismo.



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