Unos se detuvieron
hace ya mucho tiempo
en el páramo angosto
de una juventud ida
sin lágrimas ni estrépito.
Otros fueron dejando
de latir poco a poco
como templados bueyes
que se acuestan y duermen
su estirpe fatigada.
El último rompióse
al filo de un otoño
que el olvido atesora.
Desde entonces, mis ojos
permanecen anclados
en las saetas muertas
-detenidos con ellas
repitiendo el instante
como una foto vieja
con los bordes quebrados-
De Por si mañana no amanece
Publicado en Inventiva social y Mis poetas contemporáneos

Cuando se paran los relojes el mundo entra en coma...
ResponderEliminarInteresante reflexión, Eli.
ResponderEliminarGracias por tu visita y un saludo.