
A Ítaca llegué, mas no era Ítaca.
Sus calles parecían las calles de Ítaca.
Las gentes hablaban el viejo idioma.
Los vestidos y peinados de las mujeres
eran iguales que en Ítaca. Las casas,
los palacios, el hogar de mis padres,
los cantos de los pájaros...
Los dioses eran los dioses de Ítaca,
los pórticos, el río, los esclavos;
el vino era sin duda el vino de Ítaca,
también los mercaderes y manjares.
Todo estaba en su sitio, pero aquello
no era lo que dejé, lo que anhelaba
encontrar al regreso...
A Ítaca llegué, mas no era Ítaca
o no era yo quien a Ítaca llegaba.
De Arenas de Ítaca
Publicado en PoeMartes (MediaIsla), Inventiva social , IslaNegra y La Buhardilla
Bonito poema, e inquietante. Me ha recordado a una frase que decía Oscar Wilde, "A veces los dioses, para burlarse de nosotros, nos conceden nuestros deseos."
ResponderEliminarGracias, José Angel. Y gracias también por la cita del maestro de la ironía. Un saludo.
ResponderEliminarEs bello... Los poemas no se refutan, pero claro es que ni Ulises ni nadie vuelve a su Itaca querida, por la razón de que ya no es, quien un dia partió, el que regresa.."Todos vuelven por la ruta del recuerdo, pero el tiempo del amor no vuelve más" ...a la tierra donde nacieron, concretamente.
ResponderEliminarEs el tema de un Vals muy oido en mi pais
un saludo y felicitaciones
Gracias por la visita y por la referencia musical.
EliminarUn saludo
La poesía tiene la virtud de plantear anticipadamente algunas cuestiones que serán luego constitutivas, como ejes, de los desconciertos fundantes del hombre. La obsesión del regreso, de una patria imaginaria de bienvenidas y reconocimiento, es una de esas cuestiones. Un último arrebato parmenídeo en el vertiginoso tembladeral del ser, su fantasmagoría. Bello, hondo poema, a tener en cuenta en la historia de ejes poéticos y proposiciones de sentido.
EliminarLa obsesión del regreso, tú lo dices, cuestión siempre insatisfecha a causa de la mutabilidad de los lugares y de los seres. Gracias por tus palabras y un abrazo.
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