5 de febrero de 2015

Táctica



Durante siglos, se aplicaron a la quema indiscriminada de libros, laboriosa e inútilmente. 

Más tarde cortarían la lengua a los vencidos, para que no pudiesen transmitir la filosofía de su raza a las generaciones venideras.

Prohibieron el ejercicio de las artes, enemigo mortal de la ignorancia.

Cansados de soluciones parciales e ineficaces, optaron por celebrar un congreso. Después de intensos debates, según cuentan las crónicas de la época, decidieron aplicar la estrategia del caballo de Troya. 

Así, desde el oscuro palpitar de sus entrañas, fueron asesinando la cultura.

15 de enero de 2015

Ahora ya hasta los parques son hostiles

Ahora ya hasta los parques son hostiles.

Todo me lo cambiaron.
Los árboles, impíos, me violentan
desde el faro impersonal de su estatura.
No tiembla ni una hoja.
(Pero ¿no eran los árboles
movidos por el viento del otoño,
mis viejos aliados?)

No. No era esto. El verde
es un verde yacente, casi decapitado.
Ni una flor me amenaza
con su efímero roce, con su breve fragancia.

No consigo encontrarme.
Todo me lo cambiaron.

Hay viejos en silencio y bancos despintados
y piedras que destellan y macizos de flores
sin la antigua belleza que impregnaba sus pétalos.

Hay niños bulliciosos y mujeres cansadas,
y mientras, lentamente, el verano agoniza.

No, no era así; los parques de otro tiempo
solían ser refugio, atalaya, horizonte...

Pero hoy los parques niegan ese ansiado consuelo.
Tal vez sea yo el muerto.

Ahora las piedras callan
y los viejos, los bancos, los frondosos rosales,
rechazan mi amargura con un rictus cansado.

Todo me lo cambiaron y la tarde declina
y la sombra insinúa el inflexible retorno.

Todo murió y las calles
(hoy de nuevo enemigas)
van quemando la estela de ese amargo regreso
al lugar donde yace mi cuerpo destronado.


12 de diciembre de 2014

Penélope


Ella teje
sentada en un rincón.

Los hombres la contemplan
mientras beben sus copas, preguntándose...

Algunos se le acercan,
se apoyan a su lado, la interrogan.
Ella plácidamente niega
sin dejar de tejer.

Penélope la llaman.
Y en secreto temen que algún día
aparezca el Ulises esperado
y ella se vaya para siempre 
dejando un rastro diminuto
de hilos entrecortados tras de sí.

Pero esta Penélope no espera a ningún héroe.
Ni hombre ni dios ni salvador espera.
Tan sólo teje para sobrevivir
como tantas Penélopes anónimas
que fueron, son, serán, en esta tierra.

No entienden su destino, pero tejen
la invisible estructura
que determina el censo de los días.
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