¿Serán éstas, entonces,
las aguas del olvido?
-se pregunta el viajero.
Mas no desmonta. Sólo
contempla la corriente,
los patos, las riberas.
Luego sigue su ruta
en busca de otras aguas.
Porque el viajero sabe
-aunque sus ojos miren
siempre hacia el horizonte-
que el recuerdo es sagrado:
Quizá el único vínculo
entre viajero y senda.

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