La noche anula todos los espejos
y amamanta dudas
que la mañana no ha de despejar.
La noche oculta míseros rincones
y apresura los ojos
de los indiferentes viandantes.
La oscuridad hace romas las esquinas
donde el sexo barato se agazapa
en las noches de frío solitario.
Bulle la vida entre las calles de neón;
las copas ignoran el destino del hombre
y los hombres van recuperando la inconsciencia
tras la segunda copa.
(Queda el olor, el olor imborrable,
la constancia precisa de las calles sin nombre)
Inevitable, la mañana
asesina las sombras y siembra resacas.
Mas nunca alivia el pecho del sediento.
De La estrecha senda inexcusable, Poemas de Sergio Borao Llop

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