
He vuelto a ver el lago.
Después de tantos años no parece ya el mismo
aunque su forma exacta pueda ser la de entonces
y en la isla del centro perennes permanezcan
aquellos siete pinos, aquellos cuatro bancos,
testigos silenciosos de nuestra adolescencia.
He vuelto a ver el lago. También la pasarela,
las aguas estancadas, el césped, el paseo...
Todo igual y distinto.
Mas nada nuevo adorna este paisaje.
Tan solo son mis ojos, ayer quizá inocentes,
esperanzados, vírgenes... Hoy demasiado viejos.
Publicado en Inventiva social
¡Hermosa mirada nostálgica de la juventud lejana! Como todo lo que sale de tu plama, Sergio, para el aplauso y la antología.
ResponderEliminarMaría Rosa León
Muchas gracias, María Rosa. No es posible escapar a la nostalgia. De tarde en tarde nos asalta, arrancándonos uno que otro suspiro.
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