
Vivir a cada instante padeciendo
la maldición innata
de saberse incompleto;
mirarse cada día en el espejo
y no saber si el reflejo es la respuesta
y no poder siquiera descubrirse
en esos gestos, esas distracciones,
en ese pelo casi encanecido
o en las facciones grises;
y tan solo los ojos,
muy lejos, en el fondo,
como el vivo fulgor de una fogata
ardiendo en otro sitio
o quizá en otro tiempo,
ardiendo acaso sin motivo
en una dimensión desconocida
o al final de un callejón desierto
en el confín del barrio más humilde
de una ciudad lejana... ¡tan lejana!
Publicado en Inventiva social y Mis poetas contemporáneos
Bonito, el poema; desalentadora, la sensación.
ResponderEliminarNo te imaginas cómo, al que escribe, le gustaría invertir los términos. Pero tal es nuestra condición.
ResponderEliminarGracias por tu visita y un abrazo.
Esto es para pensar y repensar y dimensionar esa sensación física de distancia, de desconocerse en el espejo y... de tantas otras cosas que nos hermanan, Sergio. Como siempre, me llevo tu poema. Muchas gracias por compartirlo!!! MRLeón
ResponderEliminarMuchas gracias a ti por apreciarlo.
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