12 de julio de 2016

Los espectadores agraviados


Querido amigo Bertolt:
Hoy me atrevo a escribirte nuevamente
desde esta atroz distancia que es el tiempo.
Tal vez cuando me leas (si tal cosa sucede)
estemos (tú o yo, los dos quizá, o ninguno)
sirviendo naranjadas con vodka a los arcángeles
o asfaltando con notas musicales
las torvas avenidas del desierto
(que otros llaman infierno o despedida).

La cuestión es que he leído tu poema,
ése que se refiere a los que luchan
contra el virus letal de la injusticia
y a la apatía de los espectadores.

Y yo, en cambio, si creo que los mansos
sienten su cobardía como un cáncer,
la dolorosa llaga de una ausencia.
Están avergonzados, sí, mas de otro modo:
Un lodo pestilente se abre paso en sus venas,
un temible veneno que no conoce antídotos
se va extendiendo por todos los rincones
de la innoble quietud que los gobierna.

Para enmascarar esa vergüenza
agitarán sus puños y sus voces
contra aquellos que allanaron sus caminos
y ahuecaron sus cojines y murieron a veces
tan sólo por enarbolar una palabra,
por dibujar a gritos una aldea habitable.

No tienen cicatrices ni rasguños,
no fueron mutilados ni sufrieron tortura,
siguen vivos, indemnes y callados.
Por eso cada herida del otro es una afrenta.
Cada miembro amputado
una solemne bofetada, cada tumba
un grito retumbando en sus oídos.

Para acallar el grito
destilan su rencor en alambiques
de hipocresía, ruido y desmemoria.
Para acallar el grito se zambullen
en el anonimato de las masas
que agitan banderitas de colores
previsiblemente intercambiables.


De Por si mañana no amanece, Poemas de @S_Borao_Llop  

6 de junio de 2016

Perpetuum


Redacto historias
que no terminaré.

Bosquejo versos
que no hallarán poema que habitar.

Silbo melodías inconexas
que nunca formarán una canción.

Informes figuras de barro.
Lienzos donde siempre falta algún color.
Vidas inconclusas.

¿Podemos concebir el absoluto 
en el vasto universo
por siempre inacabado?


De Por si mañana no amanece, Poemas de @S_Borao_Llop 

9 de mayo de 2016

Siempre es otoño en estas calles


Una vez conocí a una mujer;
una mujer sin nombre, endurecida
por la vida en las calles, por los golpes,
por el miedo y la rabia, los gritos, las ausencias...

Entre lágrima y lágrima,
escuchaba a Sarah Brightman y Emma Shapplin
y fumaba lentamente
al compás de la música
como si el tiempo no existiera
y la realidad fuese tan sólo
el contenido de un mal sueño recurrente.

Se prostituía para huir;
huía para no encontrarse,
para no ver reflejada en el espejo
la dureza de sus propios ojos
reprochándole tardes de amargura,
noches sin esperanza y sin consuelo.

Se prostituía para huir
y en medio de esa huida
a menudo se encontraba a sí misma
flotando a la deriva
en medio de una mar tenebrosa,
una mar enemiga y temible. Ilimitada.

Se prostituía para no prostituirse
en brazos de una sociedad corrupta
y decadente.

Escuchaba a Sarah Brightman y Emma Shapplin.
Con el pómulo morado sonreía;
decía que su cielo
era esa música. Lo otro
sólo eran pedacitos del infierno
salpicando un desierto sin oasis.

Una tarde se fue sin despedidas.

Hoy quisiera pensar que en esa huida
encontró por fin las puertas hacia el cielo;
que consiguió escapar a su destino
escapar a sus ojos maquillados
como una delación insoportable.

Nunca supe su nombre.
Tan sólo me fue dado abandonarme
a su tibia caricia, su incendio incomprensible,
su canto desangrándose en mi oído.

Una tarde se fue.
Sin despedidas.

Dejándome tan solo
el eco de su voz tarareando
canciones de Emma Shapplin
y Sarah Brightman; un éxtasis de música
habitando el ocaso interminable.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...