En nuestro propio laberinto
podríamos creer que somos dioses.Pero es una ilusión. Aunque lo hayamos
arduamente creado, tejiendo encrucijadas,
edificando muros y abriendo galerías,
no nos es dado conocer su centro
ni descifrar su nebuloso código
de circulares ecos y vastas soledades.
En nuestro laberinto
apenas somos desorientados minotauros
en espera de un sol o de una espada.
De Por si mañana no amanece
Publicado en Inventiva social, Mis poetas contemporáneos y en el libro electrónico Senda, y leído en el programa de radio Una noche inolvidable


