Desconsoladas ráfagas de viento
como caricias somnolientas de la tarde.
Siempre en este minuto me hiere tu memoria
como ávida cuchilla de negro terciopelo.
Una música triste llena el ámbito
pero, ¿qué música no es monotonía
cuando añoro tus manos, tan lejanas ahora?
Atardecer de otoño en los cristales
y en el alma la flor de una nostalgia
desbocándose hacia todos los rincones.
Un trueno, unas gotas de agua,
luego la calma de la lluvia que no cae.
Sólo el otoño atardeciendo en los cristales,
coloreando en gris el horizonte
y grabando en mi pecho las huellas de tu ausencia.
Publicado en Inventiva social y en el e-book Senda

Grabando en mi pecho las huellas de tu ausencia.
ResponderEliminarUffff!! Hermoso!!
Martha Navarro Bentham
Gracias, Martha. Me alegra que te guste.
EliminarUn abrazo.
Gusta pero también disgusta, Sergio, ya sabes... por lo logrado! :)
EliminarGracias, José Ángel.
EliminarSaludos!
Duro pero real.
ResponderEliminar¡Qué hermoso poema, Sergio! Todo el paisaje exterior expresa bellamente "tu paisaje interior". María Rosa León
ResponderEliminarMuchas gracias, María Rosa. Ya sabes: Hay tardes melancólicas.
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