
En el alma de todo minotauro
late un anhelo de cielos entreabiertos,
un deseo implacable
de no ser el guardián de la penumbra
ni el habitante horrible del silencio
apenas quebrantado por el eco
de sus propios -circulares- pasos.
Quizá sueñe con ser -en su delirio-
la forma intemporal del laberinto.
De Por si mañana no amanece
Publicado en Inventiva social
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