
En torno, las aguas
me dibujan.
Pasan, humedeciéndome,
dejando en mis arenas
una leve nostalgia,
una caricia líquida.
Azules y marrones
me someten,
azotan mis riberas
me aman y se van
condenándome
al eterno recuerdo.
Inmóvil, en el centro
de la corriente, existo.
Porque el río me contiene
y me abraza
resulta tolerable
la quietud de mis playas.
Publicado en Al_Andar, el e-book Camino al andar y en el libro Sensibilidades-Primavera 2002
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