30 de octubre de 2017

Monólogo en una botella


Hablar. Mirar los ojos
de nuestros contertulios; darse cuenta:
Ninguno está escuchando, las palabras
se pierden en el humo. En los rincones
el polvo se amontona. Dados vuelta
hacia adentro, los hombres, abstraídos,
su universo contemplan: simetría del ego.

Y entonces:

Iniciar una conversación trivial;
que nada sea, pues nada permanece.
Multiplicar lo intrascendente, convertir
la nada en un catálogo de nadas infinitas.

De tanto darle vueltas,
tal vez en el reverso
de esa triste moneda
quede algo que importe:
el minúsculo poso de una idea.


4 de septiembre de 2017

Odio los polígonos industriales


Odio los polígonos industriales.
Mi primera experiencia laboral fue en uno de ellos;
en una imprenta ubicada en un sótano
donde apenas se intuía la luz del sol.
Tal vez sea ése el motivo
o tal vez ese olor
a cosa muerta
mezcla de gasolina
quemada, alquitrán,
metales al rojo o no sé qué...
Es un olor inconfundible
que define perfecta e inequívocamente
la existencia de un polígono industrial.
Cierras los ojos y lo sabes.
Estás ahí, escuchas
vehículos que van y vienen,
voces que gritan, chirridos,
máquinas en perpetuo movimiento;
abres los ojos y ves:
esas puertas metálicas,
enormes,
las naves gigantescas,
los camiones, la gente
embutida en uniformes
que insinúan una cárcel
sin barrotes y sin escapatoria.
Y al llegar la noche,
un silencio de muerte
como si el mundo estuviera a punto de extinguirse
o se hubiera extinguido,
salvo por la obstinada presencia
de ese hombre solitario
que camina entre las calles muertas
como un perro olvidado por los dioses.


19 de julio de 2017

Tras la derrota



- Te contaré un secreto, Sancho: Yo sé perfectamente que son molinos.
- ¿Entonces, amo?
- Conviene que la historia no olvide nunca que existen hombres capaces de enarbolar su locura (aunque sea fingida) en pos de un ideal superior. Sin locura, el mundo se extinguiría en pocas generaciones. Cristo fue crucificado para perpetuar su sombra. Las nuestras perdurarán de otro modo: Teñidas de humillaciones y ridículos. Pero esta cruzada irracional, amigo Sancho, ha de hacernos inmortales, si la idea de la inmortalidad no es tan grotesca como nosotros mismos y nuestras fatigosas andanzas.

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