Mostrando entradas con la etiqueta Camino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Camino. Mostrar todas las entradas

10 de enero de 2013

Pero he aquí que, en un recodo inofensivo


Pero he aquí que, en un recodo inofensivo,
se alzarán las barricadas del desánimo.

Esos serán los días de la desolación.

Todos los trinos del mundo habrán cesado
y te verás cercado por amenazantes nubarrones
prestos a descargar torrentes de decepción
sobre tus espantados ojos.

Entonces el camino te parecerá insoportablemente estrecho.
Podrás sentir el frío ciñéndose a tu carne,
el viento de los páramos azotando tu rostro,
la noche agigantándose sobre el valle desnudo.


Acaso en esa hora de lánguida derrota
añores las falsas caricias de esa vieja prostituta
cuyos labios de colores se entreabren en la distancia.

Ángeles de alquitrán vendrán a rescatarte,
te hablarán de noches cálidas, de vasos humeantes,
de aromas embriagadores y confortables lechos.

Mirarás el sendero repleto de guijarros,
mirarás tus pies descalzos, tu piel enrojecida.

Y así, por un momento, te sentirás perdido,
notarás que toda convicción va abandonándote,
y tal vez llegues a empuñar la pluma de la renuncia.

Pero la sangre del Caminante se agolpará en tus venas,
se detendrá tu mano en el instante exacto de la firma,
se entornarán tus ojos y escucharás de nuevo tu voz verdadera
recitando el poema nunca escrito
de las calles sin luces,
de prados y vergeles y niños harapientos sin consuelo.

Sabrás entonces
que el país al que te diriges queda demasiado lejos
y que nada ni nadie puede trasponer sus murallas
sin haber recorrido, palmo a palmo, el camino.

Luego, tu pie se moverá iniciando un nuevo paso,
quizá el más doloroso,
y esos ángeles falsos se hundirán en el barro
dejando apenas su horrible pestilencia a tus espaldas.


22 de noviembre de 2012

Muchos emprendieron este viaje

viaje

Muchos emprendieron este viaje
pero llegar
no es solo una cuestión de fe
o de resistencia,
no es tan solo el deseo de arribar
o la esperanza ingenua
de un puerto que finalmente nos acoja.

La ruta es muy compleja
y los viajes no son lo que parecen.

Por el camino
vas dejando jirones de tu esencia
y tras unas etapas ya eres otro.

Y comprendes entonces
que ya no sabrás nunca
si vas a terminar lo que empezaste,
no sabrás nunca
si allá en el horizonte existen Ítacas
o fue solo una ilusión desdibujada
por las certeras llagas
que adornan tu costado.

Pero la fiera voz de tus entrañas
exige un nuevo paso, pues no en vano
hay sangre nómada corriendo por tus venas.


7 de diciembre de 2011

Cansancio


Es cierto que cuando se ha caminado mucho, y aunque a pesar de todo no se haya llegado muy lejos, o quizá precisamente por eso, tiende a apoderarse de nosotros un cansancio que, por desconocido e inesperado, nos desconcierta. En tales casos, uno piensa que tras una larga y apacible noche junto a un hogar cálido, sobre un lecho confortable y al abrigo de las mantas, todo será de nuevo como al principio, que se habrá borrado la fatiga y podrá reanudarse el camino con renovadas energías. Pero en ningún modo es así. Este cansancio es persistente y no bastan la noche, el hogar y las mantas para hacerlo desaparecer. Aun si la noche fuese tan larga como el día que la precedió -ese prolongado día que fue testigo de nuestro arduo caminar- no hay garantía alguna de recuperación. Así, cuando amanece -si hemos de suponer que tal cosa puede ocurrir en realidad- la fatiga es casi tan grande como en el momento en que nos tendimos a descansar. Quisiéramos dormir un rato más, sentarnos junto al fuego, demorarnos un poco aún junto al umbral, pero el Posadero nos ha acompañado hasta la puerta y, con gesto amable, nos mira como invitándonos a partir. Su mirada es tranquila y quizá hasta compasiva, pero el mensaje que se desprende de ella es inequívoco: Debemos reemprender la marcha de inmediato. Y así lo hacemos. Resignadamente. Nos despedimos con un gesto, retomamos el sendero, verificamos la ruta -aun sabiendo que toda ruta es ilusoria- y nos preguntamos si algún día, por fin, llegaremos. Tal vez nos ayudase -pensamos- saber a qué lugar nos dirigimos.

Publicado en Revista Almiar, MediaIsla proSábado y en el libro electrónico Camino al andar.

29 de noviembre de 2011

Te odiarán


Te odiarán
si caminas.

Por su cojera,
por tu obstinación.

Te odiarán
sin saber que los zapatos hacen callos.

No te perdonarán.
Cada paso adelante será como un zarpazo,
como un escupitajo, una blasfemia,
lanzados contra sus cómodos divanes.

Te odiarán.
Con fingida indiferencia,
sembrarán los senderos de emboscadas.
Tejerán intrincados laberintos
que te guíen a ciudades lejanas y desiertas.

Azuzarán en tu contra los canes de la confusión.
Ciegos, querrán extraviarte.
Minarán con palabras maquilladas los matojos,
las piedras, las esquinas, los zaguanes habitables.
Levantarán por doquier edulcorados muros.
Con manos sigilosas, edificarán decorados
de cartón-piedra, neón y terciopelo,
en un desesperado intento por comprarte.

Pero sus telemandos carecen de poder en estas calles
porque el camino es tu única bandera.

Y así, caminarás,
provocando el odio a tu alrededor,
caminarás,
sin una meta explícita pero con un deseo,
caminarás,
tal vez únicamente en pos del fugitivo espejo,
caminarás
sin saber que el camino no es un medio
________________________sino un fin en sí mismo.


De La estrecha senda inexcusable, Poemas de Sergio Borao Llop
Publicado en Inventiva social, en el libro electrónico Senda y en la antología Versos sin Bandera.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...