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1 de agosto de 2025

Cuando beso los labios de Monelle

 


Cuando beso los labios de Monelle
pienso en los otros labios,
en todos esos labios que nunca besaré.

Cuando mi lengua se entrega al fuego de su carne
evoco tantos cuerpos que nunca lameré.

Cada vez que mis manos la acarician
en otra parte muere alguien
                            que nunca tocaré.

Cuando ríe, su risa
es el reflejo en negativo de otras risas
                            que no disfrutaré.

Cuando sus manos secan mis mejillas
enjugando la lágrima vertida
sé que infinitas manos no me acariciarán.

Pero ella sigue sonriendo, sigue acariciando
y suavemente dice: "No lo entiendes; 
todo el amor del mundo está en mi piel.
Todo aquello que anhelas esta en mí.

Porque soy una y soy todas, te venero
y te amo; soy un instante de la noche;
soy la muchacha triste que recorre los muelles
y también la elegante cortesana
y la mujer callada que en la tarde
fatiga parques reclamándote, 
y aquella que suspira en la esperanza
de un minuto fugaz que nunca conoció;

también, también soy esa que marchita
sus tibias primaveras en andenes
sin trenes que esperar.
Y aun esa otra rodeada de galanes
que para nadie tiene una mirada
y en la noche suspira..."

Y de nuevo sus palabras me rescatan.

Con mi labio en su pecho, me adormezco,
sin angustia; ahora sé que ese pecho 
es la flor más valiosa.

* Referencia a El libro de Monelle, de Marcel Schwob.


26 de octubre de 2011

Kiosco antiguo


Tú nos recordarás seguramente,
kiosco antiguo.
Aquellas veces en que aquí estuvimos
Ella y yo, prendidas nuestras manos,
con los ojos amándose en silencio,
tal vez haciendo planes
o comiendo unos bollos, (era todo
tan natural, tan simple, como un río
fluyendo, un vuelo de jilgueros,
una canción sonando entre los árboles).

Tú nos recordarás seguramente,
kiosco antiguo,
tú que conoces la historia del mundo
y albergas la sabiduría de lo inmóvil.
Sé que lo has visto todo, y entre todo,
yo sé que no la olvidas, kiosco amigo,
porque la habitan soles y cometas,
porque su alma alberga paraísos.

Tú recuerdas su voz y recuerdas su risa.
Y el son de sus palabras siempre vivas.
Por eso vengo a ti, mi viejo compañero,
me siento donde entonces, te contemplo.
En mi mudez formulo una pregunta.
____________Y tú, callado, asientes.


17 de agosto de 2011

Si termina el amor


Si termina el amor
el agua es más espesa en los estanques
y un ángel de cristal se muerde el labio;
puede darse un revuelo de gaviotas
mar adentro
y en el pecho la daga de una ausencia infinita
se abre paso cual proa entre las olas
y el consuelo del sueño nunca llega.
Nunca, el sueño nunca, nunca llega.

Si termina el amor
nubes negras se apoderan de los cielos
lanzándose a una loca carrera delirante
cuyo único destino es la certeza
de lo perdido, sí, de lo perdido.

Si termina el amor se llena el alba
de funestos ladridos sin consuelo
y un ruiseñor cansado se asesina
contra el pétalo fugaz de una amapola.

Si termina el amor lloran los parques
y una estrella fenece en cualquier parte,
y repican las fúnebres campanas
un coro de gemidos germinados,
una salva de gritos apagados
que hacia adentro resuenan y resuenan.

Si el amor se termina...

Los porches que solían cobijarnos,
la estación del ayer que nos prestaba
sus callados andenes de férrea complacencia;
la quietud temerosa de los templos,
el generoso amparo de las calles...
¿A qué otra causa han de servir? Decidme.

Y la noche... la noche, la noche protectora
si el amor se termina...
¿de qué sirve la noche si el amor se termina?


De Despertar en el zaguán
Publicado en Poesi.as, Inventiva social y Gaceta Virtual


2 de agosto de 2011

Podría entrecerrar los labios...


Podría entrecerrar los ojos y evadirme...

Podría abandonarme a la música y el juego,
dedicar la mejor de mis sonrisas
a la muchacha triste que se agosta en la esquina
y en sus lechosos brazos profanados de agujas
depositar mis besos y mi llanto.

Podría entrecerrar los labios y olvidarme...

Podría dejar que me acunase tu mirada,
beber el vino triste de tu herida,
ceñirme a la rutina de tus noches...

Es cierto que podría mirar hacia otro lado,
acomodarme al pan y el circo legendarios;
podría suscribir una póliza de crédulo
para no recelar de las versiones oficiales.

Podría simplemente oprimir el telemando
y abolir con ese gesto la mueca del farsante,
diluir los falaces rostros de la mentira,
no sentir sus miradas ni oír las falsedades
que sus bocas declaman sin sombra de vergüenza.

Pero he elegido el verso como patria,
he nacido canción a contramano,
grito caricia estepa hormiga hambre
prostíbulo coral aullido estanque.

Podrán los férreos brazos de la muerte
acunar mis palabras en su lecho
de silencio perpetuo.
______________Pero tú que me lees
tú que en noches azules me escuchaste
mientras el mar gritaba nuestros nombres
tú sabrás que es la entraña de la tierra
quien llueve amor y acíbar por mis venas.


De Por si mañana no amanece
Publicado en  El Cronista de la red y en los libros electrónicos Senda y Camino al andar
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