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11 de diciembre de 2019

Hoy me miré al espejo

Hoy me miré al espejo.
Los años han pasado muy deprisa.
He visto arrugas, una sombra
bajo mis párpados, un deje
de tristeza en mis ojos.

Fue tan solo un instante.
Un hombre viejo me miraba, confundido.

Alguno de estos días
enterrarán mi cuerpo, 
pero esos ojos grises
-esos ojos que miran desde el fondo
del turbulento espejo-
seguirán preguntando
y no estarán escritas las respuestas.

6 de abril de 2019

Anverso


Cuando se ve el anverso
uno empieza a comprender y mira horrorizado
esos rostros idénticos
que alberga la memoria.

Perversos clones de nosotros mismos
amanecemos cada día
sin saber si la noche
ha vendido los cuerpos y las máscaras
o entregó nuestra risa a los demonios.

Todo espejo refleja los rasgos de un extraño
con espuma en la cara
y una navaja de afeitar fulgurando en su mano.

11 de septiembre de 2015

Nacimiento


Nacimiento
o la nostalgia de cráteres desnudos.

Actuar en teatros vacíos.
                                          Beber
gastadas bocas que ya no esperan nada
salvo el sabor amargo de la muerte
en copas que hasta la noche rechaza.

Caer en simas de desolación
implorando la clemencia del olvido
y contemplarse en el alba tenebrosa
de un incierto futuro
con el rostro fatal de un desdibujado doble
imitando risas falsas, actitudes
de prosaico espectador sin añoranzas.

Desde el fondo cruel de los espejos
te contemplan unos ojos apagados
y una voz pronuncia la implacable sentencia:
Los tranvías no se detienen para nadie.

 

22 de agosto de 2012

Si algún día recobro la cordura

máscaras
 
Si algún día recobro la cordura
viviré como todos, reiré sin mesura,
quemaré con esmero los poemas
que en olvidadas tardes como esta
compuse con la fiebre del que explora
vírgenes territorios inviolados.

Si algún día recobro la cordura
sonreiré al limpiar la sangre del cuchillo
con el que degollé la fe de un inocente;
saludaré con efusión a los sicarios
del señor de la sombra, y a sus perros
ofreceré los huesos de mis víctimas.

Si algún día recobro la cordura
vestiré los disfraces que las horas
fueron almacenando en el armario
donde mora el hedor de mis cadáveres,
donde la única certeza es el olvido.

Intercambiaré las máscaras de fiesta,
maquillaré las cuencas de mis ojos,
revestiré mis dedos con anillos
y en el podrido espejo de mi rostro
pondré una flor que disimule las ausencias.

Si algún día recobro la cordura
me olvidaré de ti, de aquellos meses
que alimentaron mi esperanza, de aquel día
que me abracé a tu cuerpo, de aquel otro
en que las playas de Donosti nos miraron
pasear unidos al amparo de la luna;
me olvidaré si es que recobro la cordura
de las semanas de felicidad y de la noche,
de la maldita noche,
que una sola palabra me abismó en las tinieblas.


20 de enero de 2012

Distancia


Vivir a cada instante padeciendo
la maldición innata
de saberse incompleto;

mirarse cada día en el espejo
y no saber si el reflejo es la respuesta
y no poder siquiera descubrirse
en esos gestos, esas distracciones,
en ese pelo casi encanecido
o en las facciones grises;
y tan solo los ojos,
muy lejos, en el fondo,
como el vivo fulgor de una fogata
ardiendo en otro sitio
o quizá en otro tiempo,
ardiendo acaso sin motivo
en una dimensión desconocida
o al final de un callejón desierto
en el confín del barrio más humilde
de una ciudad lejana... ¡tan lejana!


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