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9 de agosto de 2016

Escrito en la arena



Un poeta está en una isla desierta, sentado junto a unas rocas. Sabe que jamás saldrá de allí. Que nunca volverá a tener contacto con ser humano alguno. Quisiera llorar. Quisiera escribir, pero carece de papel o lápiz.

Entonces gira la cabeza hacia su izquierda. Ve, en el suelo, algunas ramas caídas, en el límite de la zona boscosa. Se incorpora, toma una de ellas, en apariencia bastante sólida, y camina hasta la arena.

Mira el mar, que le devuelve un destello y un rumor de olas. Como un mensaje de comprensión y fatalidad.

El poeta sonríe, apenas una mueca de resignación. Sabiendo que la marea lo borrará todo en unas pocas horas, empuña la rama y comienza a redactar una palabra.

14 de marzo de 2012

Isla


En torno, las aguas
me dibujan.

Pasan, humedeciéndome,
dejando en mis arenas
una leve nostalgia,
una caricia líquida.

Azules y marrones
me someten,
azotan mis riberas
me aman y se van
condenándome
al eterno recuerdo.

Inmóvil, en el centro
de la corriente, existo.

Porque el río me contiene
y me abraza
resulta tolerable
la quietud de mis playas.


Publicado en Al_Andar, el e-book Camino al andar y en el libro Sensibilidades-Primavera 2002

25 de febrero de 2012

Cuando digo París


Cuando digo París no estoy hablando de las fotos que duermen en los álbumes del sótano, aunque tras las persianas del recuerdo naveguen los colores de la noche como cristales que lentamente se van deshilachando sobre un cojín de nostalgia bordado con caricias y notas musicales.

Cuando digo París no hablo de pasos misteriosos y prófugos resonando a una orilla de la calle, ni de la sombra añil que deja una lágrima rodante, ni del labio-trasluz detenido en el tiempo por el furtivo impacto de unos besos cuyos ecos van rebotando y multiplicando su reflejo por todas las esquinas en penumbra.

(Sé que cuando tú dices París es la voz de una melodía no inventada, es el empedrado irregular y las riberas del Sena, es el amanecer en plena noche y la risa, la colosal estatura de los edificios, la insólita música de las piedras, la fuente helada de Versalles, la verificación de un sueño...)

Pero si yo digo París te estoy nombrando. Cuando digo París hablo de ti y de los puentes, sobre todo de ti y de los puentes y de una isla; y en esa isla, unos pies parados en el infinito, allí parados y mirando eternamente hacia la mole indescriptible, hacia las torres que esperan, hacia la inmensa soledad de un reloj que nunca se detiene.


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