11 de septiembre de 2015

Nacimiento


Nacimiento
o la nostalgia de cráteres desnudos.

Actuar en teatros vacíos.
                                          Beber
gastadas bocas que ya no esperan nada
salvo el sabor amargo de la muerte
en copas que hasta la noche rechaza.

Caer en simas de desolación
implorando la clemencia del olvido
y contemplarse en el alba tenebrosa
de un incierto futuro
con el rostro fatal de un desdibujado doble
imitando risas falsas, actitudes
de prosaico espectador sin añoranzas.

Desde el fondo cruel de los espejos
te contemplan unos ojos apagados
y una voz pronuncia la implacable sentencia:
Los tranvías no se detienen para nadie.

 

6 de agosto de 2015

Claroscuro


Vueltas y vueltas por el mundo damos
buscándole un sentido a nuestros nombres
sin percibir que nadie reconoce
su rostro en los espejos cotidianos.

Consultamos los mapas del pasado,
inventariamos fechas y recuerdos,
caemos en nostalgias y desvelos
mientras siguen su baile nuestros pasos.

- "¿Qué sentido tendría el encontrarme?"
No el encuentro: La búsqueda, el camino
que tus pies recomponen cada tarde

es lo que da sentido a nuestros días.
Sin ella, nuestra vida es un exilio,
un claroscuro de monotonía.


15 de julio de 2015

Antes del fin 5.0


Cuando subía por última vez la cuesta en dirección al Puente de Piedra, me abordó una jovencita. Explicó que su moto la había dejado tirada y necesitaba un euro para gasolina.

Inútilmente registré mis bolsillos. Negué con la cabeza, pero ella no se movió: Un cansancio infinito se insinuaba en su mirada.


Deduje que también su camino estaba cortado. Como el mío. Que ambos estábamos al borde.


Fue entonces cuando oí los pájaros. En ese canto anárquico creí adivinar que la matemática es sabia, que menos por menos a veces es más, que dos finales pueden representar un principio.  


Extendí mi mano, que ella tomó con algún recelo, y bajamos hasta el río. Nada más. Nos sentamos en la hierba y nos pusimos a contemplar la corriente, a sentir la música del agua, sacudida de cuando en cuando por el chapoteo de algún pez extraviado, a impregnarnos de ese perfume milenario cuyo nombre no figura en los catálogos profanos de los hipermercados. Luego vino la noche. Y su silencio. Pero nosotros seguíamos allí, escuchando.


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