13 de agosto de 2011

Lo mejor de mi vida


Lo mejor de mi vida tal vez se haya quedado
abandonado en alguna encrucijada
o al otro lado del cristal mojado
tras el que contemplé las marejadas y la noche,
y por qué no decirlo, las inmutables estaciones
que me fueron alejando de otras tardes más cálidas.

Hubo un tiempo de caminos anchos,
de colinas suaves que ocultaban fuentes,
de jóvenes aves y ardillas veloces
y de sal y de pan y de plácidos campos
preñados de fértiles terrones y labradores.

Hubo un tiempo de límpidas aguas,
de frondosos bosques y playas morenas,
de silentes cráteres orlados de espuma.

Pero en la noche del invierno treintaycinco,
todos esos mis ángeles me fueron vomitados en el rostro
y pude comprobar que la senda se había ido estrechando
hasta límites intolerables.

Supe entonces que mis pasos borraban el camino,
que ya no era posible detenerse
ni mirar hacia atrás, que no había regreso,
que legiones de arpías me empujaban riendo
y que un loco empuñaba mis recuerdos.

Entonces, tras la lluvia, se apagó una ventana.


De La estrecha senda inexcusable
Publicado en El Gato de Hank, Revista Rampa y en los libros electrónicos Senda y Camino al andar


4 comentarios:

  1. "Lo mejor de la vida aun está por ocurrir". Lo dice Chucho y es verdad. Ánimo y a por ello. Un abrazo.

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  2. Lo entendi como lo que uno tiene en el andar de su vida pues sucede muy parecido en no poder ver atras.

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  3. Ciertamente, compañero. De hecho, el poema forma parte de un conjunto que habla precisamente de eso: el tránsito por esta vida. Gracias por tu visita y un abrazo.

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